viernes, 19 de junio de 2009


EL SER ETERNO


La obra estreno en el viejo Teatro de la Vida, llegaba a su fin.

En su último acto, los protagonistas de pie ante una tumba, leían en voz alta, el epitafio labrado sobre un mármol blanco, que decía: “Aquí yace el Ser Eterno”.

A continuación, irrumpen los aplausos y tras el saludo de los actores, el pesado telón, cae sobre el escenario.

La gente lentamente comienza a evacuar la enorme sala, mientras yo, me quedo meditando en lo que he visto, al grado de perderme en tiempo y espacio.

Siento que una fuerza me abduce y comienzo a flotar en el vacío. Soy una esfera luminosa brillando en el espacio infinito.

Vienen hacia mí, seres radiantes, cuya energía me envuelve en la más maravillosa energía de amor que jamás nunca hubiese experimentado.

Sin embargo, tengo un claro presentimiento de haber vivido ya esa experiencia.

Son como ecos que están en mi memoria ancestral y ésta vez, sé bien que no me equivoco.

Hay algo que me dice interiormente, que soy parte de esa inmensidad.

Conociendo mi pensamiento, me explican que en realidad, soy un ser eterno, como el ser de la obra que acabo de ver.

Me enfrento a la paradoja,... de cómo poder entenderla?.

Pregunto entonces: -Un ser eterno...¿yaciendo en una tumba...?

-“Muchos dicen, que la vida es una sola, y es verdad, porque la vida siempre es vida, y es una sola. Jamás deja de ser vida. Aún cuando tengas que pasar por esa puerta a la que le llaman muerte.

Ese portal de la muerte, marca el fin de una etapa física, material, humana. Sin embargo, es el principio de otra vida como espíritu en otras dimensiones.

La muerte, aunque no lo parezca, es un acto de amor, -me explican- pues es el único proceso por el cual el alma puede volver a sus verdaderos planos”.

Comienzo a entender ahora, y mis dudas comienzan a disiparse, como también se disipan las siluetas de aquellos bellos seres que ahora se alejan.

Ahora más que nunca, tengo la certeza, siento, de que todos somos Seres Eternos.

En ese momento, oigo una voz lejana y tímida que me dice, -“perdone, se había dormido...”

Bruscamente caigo como por un tubo y tomo conciencia de tiempo y espacio.
Con mucho esfuerzo logro ponerme de pie y lentamente busco la salida por el pasillo del viejo Teatro de la Vida que tenuemente iluminado, ha quedado vacío.

Traspaso la pesada puerta y otra vez me encuentro en la antesala. La luz total me hace entrecerrar los párpados.

La experiencia vivida, sé que no me abandonará jamás, mientras viva...mientras viva como “ser humano”, porque ahora sé y por primera vez, que soy un Ser Eterno.

Claramente comprendo ahora, el por qué, tantas veces, me acuerdo de la eternidad.

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