viernes, 19 de junio de 2009

AMOR DE LAS ESTRELLAS
Desde siempre había soñado con un gran amor.
Un amor como el que nunca hubieraimaginado.
Tirada de espalda sobre el fresco verdor, mis ojos se detuvieron en un pequeño punto en el cielo que se dilataba al acercarse cada vez más a mí.
Atardecía.
El campo entero me ofrecía una mixtura de aromas a lavanda y sándalo.
La brisa despeinaba mis cabellos y en mi cerebro tintineaba una melodía desconocida y al mismo tiempo, increíblemente bella.
Ruidos de pasos sobre la hierba, hicieron que me levantara lentamente.
Allí lo vi. Por primera vez.
Mezcla de humano y ángel, que tan solo con su mirada, despertaba en mí un sentimiento inefable, completo y extasiante.
Criatura divina, rostro de dios, ojos brillantes llenos de luces como su dorado traje.

-Quién eres? –pregunté sorprendida.
-Soy el amor, el eterno ...el que siempre has esperado.
Me sonrió y extendió sus manos.
Fui hacia él, como si un poder extraño me jalara y me condujera a través del espacio.
No pude evitarlo. Es más: no quería evitarlo.
Sentí claramente que eso era lo que me estaba pidiendo.
El paisaje adquirió entonces una extraña metamorfosis. Yo también fui parte de ésta.
Comencé a desplazarme entre nubes de algodón y nácar.
Un arco iris de colores brillantes, como el que jamás había visto, como si fuese un portal, nos invitaba pasar al otro lado.
Sumisa me dejé llevar de su mano, que al simple contacto, me embriagaba de tal modo que me hacía experimentar un éxtasis indescriptible.
Sentí sin embargo, que no era ésta la primera vez que estábamos juntos.
Sus miradas acariciaban mi alma. Sus labios se posaron sobre los míos y sin pronunciar palabras, nuestras almas se fusionaron en el más maravilloso y divino encuentro.
No hubo tiempo, no hubo espacio, y nuestras auras iluminadas se hicieron más brillantes.
- Amada mía, pronto vendré por ti -dijo.
- Cuándo? –pregunté.
- En muy poco tiempo –me respondió.
- Cuánto es “poco tiempo”? –inquirí impaciente...es que supe que a partir de ese momento ya no podría vivir sin ese Ser divino.
- No existe tiempo, ni espacio, de donde vengo –me respondió...-no hay barreras de tiempos, ni espacios para este amor.
Y como por arte de magia, mi paisaje cambió vertiginosamente. La silueta de aquel extraño visitante, se desvaneció de pronto... ¿“extraño”... dije?
Tuve la certeza de que ese Ser era mi amor eterno, el de milenios, de siglos...el que siempre había esperado. Lo busqué y ya no estaba.
¿Fue acaso un sueño efímero, un sueño transitorio, fugaz y esquivo...?
No lo sé....pero fue real. Sí..¡fue real!
En mis oídos quedarían para siempre, los ecos de aquel susurro que me supo a miel pura:
- Vendré a buscarte, amada mía y te conduciré por mundos maravillosos y planetas de colores…mundos fantásticos de duendes, hadas y ángeles.
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Un dolor intenso en medio del plexo, incitado por su ausencia, ha estado presente constantemente desde ese día.
Desde entonces, solo me ha movido la esperanza de volver a ver a aquel inexorable ser.
La perspectiva ha crecido de día en día, de año en año... y estoy muriendo de amor.
Ya no importa el continuo trajinar de médicos y enfermeras. No deseo responder a sus terapias.
Es que ésta agonía por el amado ausente, me ahoga, me asfixia, me mata dulcemente.
Sólo pienso en él.
En un instante, comienzo a flotar como aquel día en que juntos, nos desplazábamos sobre nubes de algodón y nácar.
Y allí está él: mezcla perfecta de humano y ángel. Energía divina y sublime.
Me extiende sus manos como la primera vez y con mi último aliento consigo llegar hasta él.
-He venido por ti, dulce amor mío. –me dice.
Ya no hay dolores. Mi pecho se agita ahora de felicidad.
Miro mi cuerpo que yace inerte y en el rostro con el que me identifiqué en este plano, una sonrisa de felicidad se dibuja.
Abrazados, muy juntos, me conduce ahora por el camino hacia la luz eterna.

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